Desde los primeros pasos
por lo que sería el jardín de su casa, se supo que algo distinto había en ese
muchachito que se perdía en una enorme prenda azul y oro. El jugador número 12
lo predijo: "será un crack", y con aplausos hizo latir las tribunas
del mítico estadio 'La Bombonera'. El romance había comenzado.
Los besos y las caricias a la pelota permitieron que el diez llegara a su espalda. La diez era para él y así lo quiso el dios.
Su soberana grandeza se sobrepuso a la de cualquiera y ubicándose en el trono, fue proclamado Rey de los Jardines de la Boca.
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| JUAN ROMÁN RIQUELME: AMOR POR LA CAMISETA, ROMANCE CON EL BALÓN. |

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